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transgenicos 3

Artículo que forma parte del libro: “TRANSGÉNICOS, Inconciencia de la ciencia”. Alberto Acosta y Esperanza Martínez (Compiladores). Ediciones Abya Yala y Fundación Rosa Luxemburg. Quito, 2014.

Edgar Isch L.[2]

Introducir los Organismos Genéticamente Modificados (OGM), más conocidos como transgénicos, en la agricultura y alimentación ecuatoriana, se ha dicho con una sobra de argumentos científicos y experimentales que constituye un gran riesgo a la salud humana y a la existencia de la biodiversidad mundial tal como hoy la conocemos. El debate, sin embargo, crece por la presencia de científicos que defienden los transgénicos, unos ingenuamente confundiendo su profusión con el derecho a investigar (libertad que debe existir pero siempre sometida a principios éticos y humanos, para no englobar en esa libertad la investigación en la “ciencia de la tortura”, para poner un ejemplo), mientras otros forman parte de lo que se ha dado en llamar la “ciencia mercenaria”, que se vende al mejor postor el cual, en el capitalismo, no puede estar sino del lado de las transnacionales.

No es la primera vez que esa ciencia mercenaria actúa. Experiencias suficientemente sonoras han sido la defensa del cigarrillo sosteniendo que era un producto sano y que los más de dos mil químicos incorporados en su elaboración para provocar la adicción no presentaban ningún riesgo; lo fue también la defensa del asbesto (o amianto), producto cancerígeno con altas tasas de mortalidad, cuyo riesgo solo se admitió cuando las mismas empresas tenían el producto de reemplazo; y, más cercano a nuestros días, están quienes trabajaron para el gobierno norteamericano en la pretensión de ocultar el origen del cambio climático en acciones humanas ligadas a la producción industrial. Menos sonoras pero igualmente demostrativas de la ciencia mercenaria son los resultados parciales o manipulados que favorecen a la empresa que financia esos estudios, lo que, por ejemplo, en Argentina ha llevado a un fuerte debate ético frente a las universidades que realizan investigaciones financiadas por las transnacionales mineras.

Como se puede ver, hay trampas y argucias en el debate respecto a un tema tan trascendente como es el peligro de los transgénicos para la salud humana. Se procura poner en duda resultados comprobados y se niega la verdad científica y su método de manera que recuerda a los opositores de las leyes de la evolución de las especies cuando fueron expuestas por Darwin. Pero tengamos claro que desviar la discusión hacia la libertad de investigación pretende evadir la discusión de fondo: quienes ganan y quienes pierden con la producción de transgénicos y cuál es su efecto para el ciclo vital.

En términos de política pública, más allá del debate entre ciencia con conciencia y la ciencia mercenaria, hay un cúmulo de consecuencias o disyuntivas que trae la introducción de los transgénicos. Aquí veremos algunas.

 

1.- Transgénicos es igual a renunciar a principios universales básicos de gestión ambiental como el principio precautorio

Planteando estos elementos de entrada, hay que considerar otros aspectos ante la influencia creciente de empresas productoras de transgénicos. En primer lugar hay que decir que en cualquier escenario, incluso el presentado por esas empresas, nadie puede garantizar que los transgénicos son inofensivos para la salud, aun suponiendo que no existieran evidencias de los daños que causan. Por otro lado los riesgos crecen porque el empleo de semillas transgénicas va atado por lo general a un incremento en el uso de herbicidas y otros agrotóxicos. En conjunto, si se diera el caso de la falta de certeza científica sobre los daños potenciales, hay dudas razonables que obligan a aplicar el Principio Precautorio (o Principio de Prevención), es decir que obligan a tomar medidas para evitar ese riesgo. Precisamente de eso se trata este principio que ha llevado a importantes países de la Unión Europea a prohibir cultivos transgénicos por los riesgos que presentan y la incertidumbre respecto a sus impactos en la salud humana.[3]

En el mismo terreno de la salud pública, el cinturón de seguridad es un buen ejemplo de aplicación del principio precautorio. Aunque un conductor esté calificado como excelente y responsable, esté dispuesto a cumplir las normas de tránsito e ir a baja velocidad, no puede tener certeza de que no tendrá un accidente, tal vez por las maniobras de otros conductores o una distracción momentánea, de manera que está obligado a utilizar el cinturón de seguridad, sencillamente como medida de precaución aunque no existiese certeza previa de un desastre. En el campo industrial, se exige a las farmacéuticas realizar largas y numerosas pruebas antes de vender una medicina, reduciendo los riesgos en su uso, alertando de efectos secundarios y estableciendo condiciones específicas de consumo. Lo lógico sería que en consecuencia, al menos eso se demande de los transgénicos, si se considerase solo el aspecto de la salud, que insistimos, a pesar de su trascendencia no es el único a tomarse en cuenta.

La libertad de investigación en biotecnología, además, está permitida según el artículo 401 de la Constitución, poniendo prohibición solo a “aquellas riesgosas y experimentales”. Es decir, se plantea el cumplimiento del principio precautorio. Se lo refuerza cuando en el artículo 395 se dispone: " En caso de duda sobre el alcance de las disposiciones legales en materia ambiental, éstas se aplicarán en el sentido más favorable a la protección de la naturaleza".

¿Qué significa introducir los transgénicos sin más en estas condiciones? Pues renunciar al principio precautorio que está en nuestras dos últimas Constituciones y sumar a la población ecuatoriana a ese porcentaje de la humanidad que, casi siempre sin saberlo, hace el rol de conejillos de indias. Nuestra Constitución

2.- Transgénicos es igual a la visión neoliberal que dice que desarrollo equivale a crecimiento y es mentir sobre los resultados en la productividad agrícola

Un argumento reiterado del gobierno ecuatoriano ahora es que con transgénicos se cuadruplica la productividad y que con ello se sacará de la pobreza a miles de familias. Hasta la fecha no se ha difundido una respuesta a una simple pregunta planteada por el movimiento internacional Vía Campesina al presidente Correa por medio de una carta abierta[4]: “Sería de gran utilidad, para informar mejor el debate, si Ud. [señor Presidente] pudiera informarnos de las fuentes que aseveran que los cultivos transgénicos podrían cuadruplicar la producción”.

Por el contrario, fuentes serias señalan que la productividad se reduce, tal y como sucede también con los híbridos luego de la primera cosecha. Que los rendimientos de los cultivos transgénicos no son mayores que aquellos de los cultivos convencionales es incluso reconocido en un informe del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) de abril de 2006 que afirma que: “los cultivos transgénicos actualmente disponibles no incrementan el rendimiento potencial de una variedad híbrida. [...] En efecto, la productividad puede incluso disminuir si las variedades utilizadas para insertar los genes tolerantes a herbicidas o resistentes a insectos no son los cultivares de mayor productividad.”[5]

Adicionalmente, en el documental y libro “El Mundo según Monsanto” (2008), la investigadora Marie-Monique Robin visita la India, donde ingenieros agrónomos explican que en el cultivo de algodón transgénico BT existe una mala interacción entre la planta manipulada y el gen insertado, lo que debilitó a la planta y la expuso a un hongo llamado rhizoctonia que en 2006 estropeó las parcelas, apenas cuatro años después del ingreso de la variedad transgénica. No se generó más productividad ni ahorros en el uso de insecticidas, sino que al contrario el productor debía gastar en productos complementarios para fumigar a los 70 a 90 días de plantar.

En referencia a esa misma variedad, una investigación del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Argentina, señala que los beneficios netos para los agricultores son “más bien pequeños”; “Aunque la tecnología reduce significativamente la aplicación de insecticidas y aumenta los rendimientos, estos beneficios son limitados por los altos precios de la semilla de algodón Bt[6]. Mientras las semillas del cultivo BT costaban entonces 103 dólares/hectárea, las semillas convencionales costaban 25 dólares por hectárea, es decir, cuatro veces menos que el cultivo de Monsanto. “En muchos casos, este precio tan elevado neutraliza los beneficios monetarios asociados con altos rendimientos y costos más bajos de insecticidas”, señalan los autores y añaden: “El aumento en el costo total de producción, asociado con la tecnología Bt, incrementa el riesgo económico que enfrentan los productores”, que gastan más y se endeudan más, y por lo mismo están más vulnerables al cambiante precio internacional del producto, a las políticas gubernamentales de turno, a las condiciones climáticas…”

 

Respecto a la soya, los cultivos transgénicos no han tenido mejor rendimiento que sus homólogos no transgénicos. En un estudio de 1999 que revisó más de 8.200 ensayos realizados en universidades sobre distintas variedades de soja, la soja transgénica RR presenta un déficit de entre un 6 y un 10% respecto a la soja no transgénica.[7] Otro estudio realizado durante varios años por la Universidad de Nebraska en cuatro lugares distintos de ese estado norteamericano, confirmó que la soya transgénica de Monsanto produce entre un 6 y un 11 por ciento menos que las variedades tradicionales.[8] Más tarde, un informe realizado en 2006 para la Comisión Europea se concluye que la adopción de la soja transgénica RR en los Estados Unidos «no había tenido ningún efecto significativo sobre los ingresos agrícolas»[9].

Otro estudio de productividad, para no abundar demasiado, es el que realizó la Unión of Concerned Scientists (UCS)[10], y lo tituló “Failure to Yield” (Falta de Rendimiento), que analiza los rendimientos de los cultivos transgénicos en Estados Unidos durante 20 años de experimentación y 13 años de comercialización. La conclusión a la que llegaron es que a pesar de enormes costos, los transgénicos no han contribuido a aumentar la producción agrícola en ese país y que, comparativamente, otros enfoques convencionales y orgánicos, han aumentado los rendimientos mucho más. Por cultivo, la UCS demostró que en el caso de la soya, los transgénicos han disminuido el rendimiento, en el caso del maíz tolerante a herbicidas no aumentaron nada y en el caso de maíz insecticida con la toxina Bt, ha habido un ligero aumento, entre 3 y 4 por ciento al final de los 13 años. Más aún, el aumento total del rendimiento del maíz que se ha dado en estos años en Estados Unidos, se debió a otras variedades y otros enfoques de producción que no fueron transgénicos[11].

En síntesis, no solo que los transgénicos no aumentan de manera significativa los rendimientos y aún si lo hicieran, es un retroceso pensar que el desarrollo agrario es igual a mayor producción, porque hay que preguntarse quién lleva los beneficios supuestos.[12]

3.- Transgénicos no mejora la alimentación

Una de las responsabilidades del Estado es sin duda la de garantizar una alimentación sana y nutritiva su población. Aunque existen variedades de transgénicos que han ofrecido que sus productos serán positivos para combatir el hambre y otras enfermedades, los hechos demuestran lo contrario.

Un ejemplo claro, es el caso del "arroz dorado", presentado frecuentemente como la vitrina que demuestra que hay transgénicos diseñados para aliviar problemas de la alimentación humana. En este caso, se anunció que podía suplir las necesidades de la caroteno que tienen las poblaciones con deficiencia de vitamina A, pero se ha encontrado que este arroz tiene menos del 1% de betacaroteno de lo esperado, y que esta cantidad se pierde en un 50% luego de la cocción.[13]

La creencia en un mayor poder alimentario como resultado del uso de unas determinadas semillas, desconoce que enfrentar el hambre involucra muchos aspectos ligados a la lucha por la tierra, el fomento de mayor trabajo agrícola que se reduce con los transgénicos y los monocultivos, el necesario reparto de agua con equidad, los sistemas de comercialización y los soportes para que las familias más empobrecidas puedan acceder a la alimentación suficiente y necesaria.

4.- Transgénicos es reducir intencionalmente la biodiversidad

En el Ecuador la Constitución establece los Derechos de la Naturaleza, entre los que se encuentra el derecho a la existencia de especies y ecosistemas. El Estado es el responsable de garantizar estos derechos y, con ello, de ofrecer a las futuras generaciones vida digna y en condiciones en las cuales puedan disponer de los bienes y funciones naturales que hoy tenemos.

Pero donde se ha ingresado con transgénicos la biodiversidad disminuye.  En parte, ha sido el alto incremento de uso de agrotóxicos como Glifosato y Roundup, que contaminan gravemente el suelo y las aguas cercanas, con inevitables efectos en insectos, microorganismos y especies mayores. Según el United States Fish and Wildlife Service, una consecuencia de lo que califican como sobre-utilización de químicos como el Roundup de Monsanto es que ya se encuentran bajo amenaza de desaparecer unas 74 especies en los Estados Unidos. Otros daños del Roundup en el ambiente y diversas especies se encuentran sintetizados en el informe “Soja Transgénica: ¿sostenible? ¿responsable?”, publicado en 2010 por GLS Gemeinschaftsbank eG.

Percy Schmeiser, un agricultor canadiense que ganó a Monsanto un juicio por contaminación transgénica de sus cultivos, denuncia que los sembríos de canola transgénica en Canadá no solo hicieron bajar las ganancias de los agricultores, sino que condujo al uso de agrotóxicos aún más potentes:

Inmediatamente después de que se empezaron a utilizar estas semillas las ganancias empezaron a bajar. Pero lo peor fue el aumento masivo en el uso de los químicos, porque después de unos pocos años tuvimos una supermaleza que se desarrolló en los sembrados de canola. Para eliminar esta supermaleza, que es muy resistente, se requieren los tóxicos más potentes que se hayan conocido. Monsanto salió con un tóxico, el más tóxico que se conoce en la faz de la Tierra. Hay otro químico que es el 2,4-D, que están tratando de usar para matar esta supermaleza, y este nuevo tóxico contiene un 70 por ciento del agente naranja, el que fue usado en la guerra de Vietnam, con el que miles de personas murieron de cáncer. Estos son los químicos poderosos que estamos usando hoy en Canadá, tóxicos masivos.”[14] 

Unos datos más, esta vez referentes a daños ambientales por el uso de bacterias genéticamente modificadas GM:

Científicos de Oregón hallaron que la bacteria GM (klebsiella planticola) usada para descomponer astillas de madera, tallos de grano y desechos con el fin de producir etanol – usando los desechos del proceso como compost – dejó estéril el suelo. Destruyó sus nutrientes esenciales, privándolo de nitrógeno y eliminó al nitrógeno al capturar los hongos. Un resultado similar se produjo en 1997 con la bacteria GM Rhizobium melitoli. El profesor Guenther Stotzky de la New York University condujo la investigación demostrando que las toxinas mortales para la mariposa Monarca también eran liberadas por las raíces contaminando el suelo. La contaminación fue hecha para durar hasta 8 meses deprimiendo la actividad microbiana. Un estudio de Oregón mostró que los microbios de suelo GM en el laboratorio destruían las plantas de trigo al ser añadidos al suelo.”[15]

Otros aspectos del daño ambiental con este tipo de productos están en la vinculación entre transgénicos y el surgimiento de supermalezas y otras superplagas, la intensión de crear árboles que resistan a las fumigaciones aéreas que terminen con toda la vida circundante, las muertes de aves, mamíferos y anfibios por ese exacerbado uso de agrotóxicos, la perturbación de fronteras naturales y la polución genética. Lamentablemente todavía hay poca investigación sobre los efectos de los transgénicos en otros organismos vivos, pero esto lleva a considerar que, por aplicación del principio de precaución, no se los debería emplear hasta que investigaciones suficientes demuestren que no es así.

Conociendo estudios que demuestran esta realidad, no se puede decir que el uso de transgénicos reduce accidentalmente la biodiversidad, sino que es el resultado de una acción intencionada a apoyar a las empresas productoras de semillas genéticamente modificadas a costa de los derechos de la naturaleza.

5.- Transgénicos es atacar a la soberanía alimentaria

La producción de alimentos transgénicos en países dependientes como el Ecuador se destinada mayoritariamente a la exportación, acentuando la tendencia al apoyo estatal a ese tipo de producción y reduciendo el interés por la producción de alimentos que garantizan la soberanía alimentaria. Para ello se emplean métodos intensivos que reducen el espacio para otros productos, tal y como se registró en Argentina: “En los cinco años anteriores a 2005, la producción de soja había sustituido 4.600.000 hectáreas de tierra dedicadas anteriormente a otros sistemas de producción como los lácteos, los árboles frutales, la horticultura, el ganado y los cereales”.[16]

Por otra parte, con los transgénicos se impone una sola variedad de un producto en detrimento de otras. El caso del maíz en México es esclarecedor, pues allí se ha demostrado, por múltiples estudios, la contaminación transgénica que amenaza a las 62 razas y miles de variedades, lo que llevó a más de 2.000 científicos mexicanos y de otros países a plantear la necesidad de mantener la moratoria que impida esas siembras en el país[17], pedido al que se sumó el Relator Especial de Naciones Unidas sobre el Derecho a la Alimentación, Olivier De Schutter[18].  Destrucción de biodiversidad y de la producción de campesinos que pasan a ser atacados por “no tener la patente” de sus semillas (véase la película documental ‘Food Inc.’ que presenta la manera como se procura impedir en Estados Unidos que los agricultores sean dueños de sus propias semillas).

La dependencia es propia del capitalismo en su fase imperialista, de manera que no es extraña a un proceso de modernización capitalista como el que impulsa el gobierno del Ecuador. Pero para las comunidades campesinas es su muerte como tales, Su expresión se encuentra ligada al acaparamiento de tierras y agua, que tiene connotaciones internacionales.

Las corporaciones quieren matar la agricultura para ejercer un control estrictamente mercantil sobre la producción de alimentos y sobre quienes los producen, mientras vuelven a vaciar territorios, expulsan mano de obra e incrementan los ejércitos de obreros precarizados. Se trata de un reacomodo empresarial del espacio y control sin miramientos del esfuerzo humano. Se pretende, llanamente, erradicar la producción independiente de alimentos”.[19]

Una producción de una sola especie destruye la soberanía alimentaria y las redes de relacionamiento y cultura que se forjan y perviven en la agricultura campesina. El fin de una producción independiente de alimentos es lo contrario a la soberanía alimentaria, altera la dieta de un país, no resuelve el problema del hambre. La producción campesina que es la que ha garantizado la soberanía alimentaria del país, es incompatible con el ingreso de los transgénicos.

6.-  Transgénicos es dependencia y dominación de las transnacionales

La tecnología empleada entraña el control sobre las semillas lo que convertirá a las comunidades y productores en dependientes de las empresas dueñas de las patentes, fenómeno que se presenta también con los mecanismos de patentamiento de especies vivas y de semillas híbridas. El campesino que ha sido el guardián de las semillas termina como mero “cliente” de la cadena de venta de semillas y otros insumos que otros determinan que deben ser usados de manera cotidiana.

La investigación en Colombia señala las condiciones del contrato de los campesinos con Monsanto: no guardar las semillas para el próximo año, no re-venderlas, no ceder información sobre la tecnología al vecino, vender la cosecha a desmotadoras autorizadas por Monsanto, estar dispuesto a que la empresa inspeccione mi cultivo y que me demande en caso de que lo considere.[20]

La pérdida de independencia no es real solo para las comunidades campesinas. Lo es también para los países ya que las patentes permiten un control de seis corporaciones transnacionales: Monsanto, Syngenta, DuPont, Dow, Bayer y Basf. La prestigiosa investigadora mexicana Silvia Ribeiro resalta que todas son: “transnacionales químicas que se apropiaron de las compañías de granos para controlar el mercado agrícola, vendiendo semillas casadas con los agrotóxicos que ellas producen (herbicidas, insecticidas, etcétera). Todas –además de Monsanto que se ha hecho famosa como villano global– tienen un historial criminal que incluye, entre otros crímenes, graves desastres ambientales y contra la vida humana. Todas, una vez al descubierto, intentaron evadir sus culpas, tratando de deformar la realidad con mentiras y/o corrupción.”[21]

El uso de transgénicos significa, por tanto, apoyar a estas empresas, permitirles dirigir la producción de alimentos básicos en el país, poner a los campesinos a depender de ellas, y todo bajo la suposición de que ahora son candidatas a un puesto en los altares. No se debe olvidar además que, en caso de un cambio de políticas o leyes nacionales, estarán en disposiciones de emplear los tribunales de arbitraje internacionales como el CIADI, donde la norma es que los procesos los pierdan los Estados y se entregue todos los beneficios a las transnacionales.

No hay que olvidar tampoco las denuncias fundadas por el papel cumplido por Monsanto en el golpe de Estado de Paraguay de 2012. Ello, en acción relacionada con el gobierno de Estados Unidos: “En 2011, Estados Unidos –que controla por acuerdos a través de la USAID al poder judicial y a la policía– logró instalar un centro de operaciones en la zona norte, cercana a Curuguaty, donde no han cesado las persecuciones al movimiento campesino con el pretexto de combatir al EPP, grupo guerrillero del que nunca se ha comprobado la existencia. Es la misma región de interés de Cargill y Monsanto, que hoy impulsan un golpe de Estado para instaurar un gobierno a la medida de sus necesidades”[22]. Poco después del golpe, el nuevo gobierno paraguayo decidió aprobar el uso del maíz transgénico VT Triple Pro desarrollado por la empresa estadounidense Monsanto, que requiere emplear altas cantidades de glifosato, también de la misma empresa.

¿Cómo puede, un gobierno que se llama democrático, negociar con este tipo de empresas? Pero además los documentos liberados por Wikileaks en un número superior a los 900 mensajes de las embajadas de Estados Unidos, entre 2005 y 2009, demostraron como ese gobierno utilizó grandes cantidades de recursos públicos para promover a Monsanto y a los transgénicos a través de las mismas embajadas, el ministerio de agricultura (USDA) y de USAID en muchos países[23]. En uno de estos documentos, como ejemplo concreto, se señala que la embajada en el Ecuador planea, para 2006, "’reforzar el loobying industrial’ para oponerse a las regulaciones propuestas las cuales pueden impedir importaciones de biotecnología”[24]. ¿Cómo puede un gobierno que se llama soberano negociar y permitir el negocio de este tipo de empresas bajo un marco de imposición imperialista?

7.-  Transgénicos es negar los derechos del consumidor

Una pregunta sencilla: ¿Si los transgénicos son tan “seguros”, por qué se esfuerzan tanto en que no los etiqueten y el consumidor sepa que está consumiendo? Solo para bloquear la propuesta 37 de Ley de California (Right to Know Genetically Engineering Food Act), las transnacionales gastaron más de 40 millones de dólares en 2012[25].

Un argumento digno de sabatina fue aquel que más o menos decía que al final de cuentas ya consumíamos transgénicos importados y ni lo sabíamos. Decirlo no es un argumento a favor de los transgénicos sino la confesión de que el gobierno no cumple y hace cumplir con los derechos del consumidor y la Ley respectiva. Y como vemos, mantener a esos productos sin etiquetas que adviertan que se consume es una política de las transnacionales con la que no deberían estar de acuerdo los Estados.

Más allá de eso, en Europa se pide que las etiquetas digan también cómo y por qué fueron modificados, que no se use el engañoso calificativo de “cultivos biotecnológicos” y que las empresas presenten los resultados de sus estudios sobre efectos a la salud. “La UE ha pedido los resultados de las pruebas a las compañías para aceptar o no la comercialización de estos productos, pero las compañías dicen que son confidenciales, cuando según la ley de la UE deberían ser públicos. Ya hemos ganado algún juicio contra Monsanto demostrando los efectos nocivos de los OGM que pudimos analizar”, declara Dr. Gilles-Eric Séralini, experto de la Comisión Europea en transgénicos e investigador en Biología Molecular[26].

La falta de etiquetas conlleva una serie de conflictos comerciales cuando éstos transgénicos son exportados a países donde sí se realizan inspecciones para detectar e impedir el ingreso de este tipo de productos. Un caso muy reciente se refiere a la suspensión de las importaciones de trigo transgénico por parte de Japón (donde se canceló un cargamento con 25.000 toneladas de trigo tipo Western White) y Corea del Sur (que aplicó medidas de cuarentena de trigo proveniente de Estados Unidos), el 31 de mayo de 2013. Se trata de una variedad no aprobada en Estados Unidos, pero que provocó alarma al ser encontrada en una zona agrícola del estado de Oregón un mes antes, cuando un agricultor halló semillas de trigo "voluntaria" no deseadas en un campo que no había sido cultivado en este año. Supuestamente, las pruebas en terreno con este trigo que transgénico habían sido concluidas en 2005 y la cepa fue abandonada ante la oposición mundial a su uso.[27] Este y múltiples casos más evidencias, se estaría procediendo con un ocultamiento del producto que realmente se comercia nivel internacional, con la complicidad del gobierno de Estados Unidos, de manera particular.

Un corto listado de los derechos del consumidor afectados reconocidos en la legislación ecuatoriana son:

-          El derecho a la seguridad para protegerse de productos, procesos de producción y servicios que puedan perjudicar la salud y afectar la vida

 -          El derecho a la información necesaria para tomar una decisión informada y protegerse contra la publicidad engañosa

 -          El derecho a elegir con garantías de calidad satisfactorias

 -          El derecho a la educación de consumidor

 -          El derecho a un medio ambiente saludable

Al hablar de la información y toma de decisiones, de manera ampliada, lo que se tiene es que las grandes plantaciones de transgénicos no respetan el derecho a la consulta previa de pueblos y nacionalidades. Ésas otra grave afectación de la cual los sectores dominantes prefieren hacer silencio.

 

En resumen: cumplir la Constitución o aplastarla con semillas transgénicas

Las consideraciones planteadas anteriormente y otras que seguramente faltan, solo pueden llevar a concluir que la introducción de los transgénicos no implica cambiar un artículo de la Constitución, sino pisotear columnas vertebrales de la misma como el Sumak Kawsay y los derechos de la naturaleza, desconocer derechos ciudadanos y generar condiciones para una mayor dependencia del país, afectando incluso las posibilidades de alcanzar el objetivo de la soberanía alimentaria.

Estos aspectos son fundamentales que no pueden ocultarse bajo debates sobre otros temas o la consabida descalificación e insultos contra quienes piensan distinto que el gobierno. Con la pretensión de “modernizarnos” o de ponernos a la moda de lo que otros países, se está poniendo en juego la vida del país, empezando, en este caso, por la del campesinado.


[1] Este artículo es la actualización de otro publicado originalmente en lalineadefuego.info el 29 de octubre de 2012 bajo el titulo “Lo político tras los organismos transgénicos”.

[2] Docente de la Universidad Central del Ecuador. Ex Ministro de Ambiente.

[3] En Francia, Alemania, Austria, Grecia, Luxemburgo, Irlanda, Polonia, Hungría e Italia se cuenta con fuertes restricciones y prohibición de cultivar alimentos transgénicos.

[4] Transgénicos: Carta de La Vía Campesina a Rafael Correa, Presidente de Ecuador. Por: Comisión Coordinadora Internacional de la Vía Campesina Internacional. México, 30 de septiembre de 2012. http://viacampesina.org/es/index.php/temas-principales-mainmenu-27/biodiversidad-y-recursos-gencos-mainmenu-37/1475-transgenicos-carta-abierta-de-la-via-campesina-a-rafael-correa-presidente-de-ecuador

[5] USDA, 14 April 2006h. Argentina’s Soybean Complex Competitiveness. International Trade Report.. Citado en: Amigos de la Tierra 2007, Agricultura y alimentación ¿quién se beneficia con los cultivos transgénicos? un análisis del desempeño de los cultivos transgénicos a nivel mundial (1996-2006) resumen ejecutivo enero de 2007.

[6] Matin Qaim y Eugenio J. Cap, 2002. Algodón BT en Argentina: un análisis de su adopción y la disposición a pagar de los productores. INTA – Instituto de Economía y Sociología, Buenos Aires.

[7] Benbrook C. 1999. Evidence of the magnitude and consequences of the Roundup Ready soybean yield drag from university-based varietal trials in 1998. Ag BioTech InfoNet Technical Paper No 1, Jul 13. http://www.mindfully.org/GE/RRS-Yield-Drag.htm

[8] Elmore, R. W. ET al., 2001. Glyphosate-Resistan Soybean Cutivar Yields Compared with Sister Lines. Agronomy Journal, Vol. 93.

[9] Gómez-Barbero, M., Rodríguez-Cerezo, E. 2006. Economic impact of dominant GM crops worldwide: a review. European Commission Joint Research Centre: Institute for Prospective Technological Studies. December.

[10] La “Unión de Científicos Preocupados” es un grupo científico y ciudadano basado en Estados Unidos, que incluye a más de mil integrantes, incluyendo varios ganadores de premios Nobel.

[11] Doug Gurian-Sherman, 2009. Failure to yield, Evaluating the Performance of Genetically Engineered Crops. Union of Concerned Scientists.

[12] Un estudio igualmente útil y accesible en la Internet es el realizado por Amigos de la Tierra (2007). ¿Quién se beneficia con los cultivos transgénicos? Un análisis del desempeño de los cultivos transgénicos a nivel mundial (1996-2006).

[13] Then, Christop, 2009. The campaign for genetically modified rice is at the croosroads. A critical look al Golden Rice after nerly 10 years of development. Imany. Citado por: B, Elisabeth. Los transgénicos en el segundo informe de la FAO sobre recursos fitogenéticos. En, biodiversidad sustento y culturas número 76, abril de 2013.

[14] Engles, Verónica, 2013. “Los transgénicos están destruyendo el tejido social”. Entrevista a Percy Schmeiser. Página 12, 4 de marzo de 2013, Buenos Aires.

[15] Nathan Batalion, ND, 2010. “ 50 efectos perjudiciales de los alimentos genéticamente modificados”.

[16] Pengue, Walter. 2005. Transgenic crops in Argentina: the ecological and social debt. Bulletin of Science, Technology and Society 25, 314–322. http://bch.biodiv.org/database/attachedfile.aspx?id=1538.

[18] http://www.greenpeace.org/mexico/es/Blogs/Blog-de-Greenpeace-Verde/onu-la-mxima-organizacin-mundial-pide-a-mxico/blog/39426/

[19] Centro por la Autonomía y otros, 2012. El maíz no es una cosa es un centro de origen. México D.F.

[21] Ribeiro, Silvia, 2010. Transgénicos y crimen organizado. La Jornada 3 de julio de 2010, México.

[22] Mejía, Pepe, 2012. El golpe paraguayo beneficia a las multinacionales de EEUU. Público.es, 26 de junio de 2012, España.

[23] Un análisis de dichos cables se encuentra en el informe de Food and Warter Watch (mayo, 2013): “Biotech Ambassadors: How the U.S. State Department Promotes the Seed Industry’s Global Agenda”

[24] U.S. DoS. “Draft Ecuadorian health law requires approval and labeling of biotech food.” Cable No. 06QUITO2698. November 7, 2006

[26] “Los transgénicos son peligrosos para la salud humana”. La Vanguardia, entrevista realizada a Gilles-Eric Séralini por  Ima Sanchís 8 de abril de 2009.

[27] “ Suspenden Japón y Corea del Sur compras de trigo transgénico Estados Unidos". La Jornada, 1 de junio de 2013, México.

 

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